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Ser residente es adaptarse al cambio

Por: Universidad del Norte

Ser residente es una de las cosas que más añoramos una vez nos graduamos de médicos, todos deseamos poder empezar a dedicarnos a esa parte de la medicina que más nos apasiona, a la que dedicamos más horas de estudio, no solo por obligación sino por agrado. Soñamos con empezar a labrar el camino de esa especialidad a la que queremos dedicarnos toda la vida, un pensamiento que nos llena de ilusión pero a su vez de un poco de angustia, pues todos conocemos que el proceso de selección es complejo, de mucha dedicación y preparación para ser admitido, algo que a su vez también lo hace el logro más gratificante.

Una vez que logramos ser residentes, el camino apenas empieza, años de mucho esfuerzo, retos diarios, también de satisfacción, aprendizaje, crecimiento académico y personal, y claro, de nuevos amigos que se convierten en nuestra familia.

Un residente exitoso es aquel que logra el equilibrio adecuado entre la academia y lo asistencial, teniendo de base la responsabilidad; algo que a veces resulta difícil de lograr, sobre todo al empezar este proceso. Se permanece mucho tiempo en el hospital, al llegar a casa podemos estar agotados, pero nuestras ganas de alcanzar las metas nos dan la fuerza necesaria de investigar día a día para fortalecer los conocimientos que adquirimos durante la práctica clínica.

El tiempo que vivimos hoy en día en relación a la emergencia sanitaria ha representado un reto para todos los profesionales de la salud, y los residentes de pediatría no hemos sido la excepción. Tener en cuenta aspectos como: elementos de protección personal, reglas estrictas para el manejo y contacto con los niños, y telemedicina, representan un nuevo proceso de adaptación, sin olvidar una herramienta nueva que se ha vuelto nuestro principal aliado: la educación virtual.

Si bien inicialmente pensábamos, ¿cómo vamos a hacer clases virtuales?, ¿cuándo vamos a ver a los pacientes?, ¿si lograremos hacer revisiones de tema? El tiempo ha dado respuesta a todos esos interrogantes y hemos podido ser testigos como esta nueva modalidad de clases realmente representa ventajas para la educación, como la mayor disponibilidad de tiempo y, por tanto, la posibilidad de preparación y revisión de temas en compañía de nuestros docentes. Para nadie es un secreto que el contacto con los pacientes es menor y que el volumen de pacientes en los servicios ha disminuido significativamente, pero precisamente es función del residente lograr encontrar esa armonía que permita fortalecer su formación como pediatras integrales.

Otra ventaja que nos ofrece la virtualidad es definitivamente poder hacer parte de eventos académicos realizados en Colombia y el mundo, que en condiciones normales no habría sido posible por tiempo, lejanía u otras situaciones.

Entonces, podemos decir que definitivamente no todo ha sido negativo, ‘sacando a la luz’ las características positivas, notando como cambia nuestra perspectiva, además la forma de enfrentarnos a la situación que nos rodea, uniéndonos como residentes y aprovechando cada evento como una oportunidad para aprender. De esta forma, lograr ser los profesionales que tanto deseamos y anhelamos desde que iniciamos este sueño.

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